Los rusos que se oponen a Putin por la crisis en Ucrania

A pesar de que la mayoría del país apoya la postura del presidente respecto a la crisis en Ucrania, hay rusos…

  • Andrei Ostalski
  • Escritor y periodista ruso, especial para la BBC
12 marzo 2014

Actualizado 22 septiembre 2014

Jodorkovski

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Jodorkovski dio un discurso en la plaza central de Kiev.

Este domingo 21 de septiembre miles de personas marcharon en Moscú en contra del rol de Rusia en el conflicto que tiene lugar en Ucrania. En marzo pasado se registró otra serie de protestas contra el gobierno en Moscú. Entonces, el escritor y periodista ruso Andrei Ostalski escribió el siguiente artículo para la BBC, en el que da cuenta que quiénes son rusos que se oponen a Putin por la intervención en Ucrania.

En un emotivo discurso en la plaza Maidan (Independencia) de Kiev este domingo, el exmagnate petrolero ruso Mijaíl Jodorkovski -recién salido de la cárcel tras 10 años de reclusión- dijo que «hay otra Rusia» que se opone a la acción militar en Ucrania.

Putin

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Según una encuesta, el 70% de los rusos aprueba la política de Putin hacia Ucrania.

El 2 de marzo, un día después de que la cámara alta del parlamento ruso aprobara una moción que autoriza al presidente Vladimir Putin a utilizar las fuerzas armadas de Rusia en cualquier lugar del territorio de Ucrania, un moscovita decidió llevar a cabo una protesta solitaria.

Sabía que era bastante arriesgado ya que las calles estaban llenas de personas «de mentalidad patriótica» que celebraban la perspectiva de una guerra rápida y victoriosa contra su vecino.

Sin embargo, Alexei Sokirko encontró un hueco en la calle Nikolskaya y desdobló su bandera que decía «No a la guerra».

La ley rusa permite piquetes de una sola persona sin autorización o notificación previa, por lo tanto en un principio la policía no hizo nada. De hecho, no hizo falta: los transeúntes, enojados, inmediatamente comenzaron a acosar a Alexei.

Para empezar lo llamaron «fascista» y «escoria». Luego una mujer lo escupió. Algunos hombres empezaron a amenazarlo, y finalmente uno le arrebató el estandarte de sus manos y lo rompió.

La riña siguió cuando la policía intervino para detener a Alexei por violar el orden público. Quizás fue lo mejor, ya que podría haber resultado seriamente golpeado. Una mujer ofreció hacer una acusación más grave contra él. «Puedo dar testimonio de que estaba golpeando a un niño», sugirió, con entusiasmo. Los policías decidieron no hacerle caso.

El episodio, que se describe en la página de Facebook de Alexei Sokirko, es conmovedor y simbólico. Los rusos que se oponen a la invasión de Crimea son una minoría solitaria, aparentemente impotente para influir en la multitud que los rodea.

Manifestante

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El gobierno ruso permite manifestaciones de una sola persona sin autorización previa.

Según una encuesta, el 70% de la población rusa aprueba la política de Putin hacia Ucrania. La perspectiva de que Crimea pase a formar parte de la «Madre Rusia» es muy popular, y todo indica que a una mayoría no le molestaría que Rusia enviara tanques directamente a Kiev. Dmitry Peskov, secretario de prensa del presidente, afirma que la popularidad de Putin está tocando máximos históricos.

En Moscú se ha convertido en una especie de mantra decir que los rusos están tan contentos con la forma en que su líder macho alfa está «haciéndole frente al Oeste» y «defendiendo a los compatriotas en el extranjero» que están preparados «para perdonarlo todo», desde la pobreza generalizada hasta la corrupción endémica y la brutalidad policial.

Maidan

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Las llamadas «autodefensas de Maidan» hacen guardia en la plaza central de Kiev.

La popular novelista y guionista rusa Tatiana Sotnikova (alias Anna Byerseneva) está de acuerdo en que la mayoría de sus compatriotas apoyan las acciones del Kremlin, al menos por ahora. Sin embargo, cree que eso podría cambiar si el aislamiento de Rusia hiciera que cayera la calidad de vida. Ella atribuye su belicosidad sobre todo a la propaganda incesante de los canales nacionales de televisión. «Durante los últimos 14 años ha habido, sin descanso, un lavado de cerebro totalmente xenófobo», dice.

Sotnikova es una de varios escritores rusos que firmaron una carta expresando su solidaridad con sus colegas ucranianos y protestando contra el comportamiento beligerante de Moscú. Los escritores, todos miembros del club de escritores Pen Internacional, no están totalmente solos.

Uno de los dos sindicatos cinematográficas rusos se unió a la condena. Es un signo de los tiempos que corren que Moscú tenga otro sindicato de trabajadores del cine más «patriótico», al que nunca se le ocurriría cuestionar la línea del Kremlin.

Pero el Sindicato Ruso de Escritores anunció su total apoyo a cualquier acción que el presidente pudiera emprender en el territorio de Ucrania, y se hizo eco de la retórica del Kremlin al llamar a los líderes de la plaza Maidan «un manojo de fascistas».

Ha habido otros, también, que han realizado sus propias versiones de la protesta de Sokirko.

«Guerra fratricida»

Andrei Zubov, un profesor muy respetado del prestigioso Instituto Estatal de Relaciones Internacionales de Moscú, escribió un artículo en el periódico Vedomosti en el que compara una anexión rusa de Crimea con el Anschluss de Austria por parte de Alemania en 1938. Le dijeron inmediatamente que si no dimitía lo despedirían, pero retiraron la amenaza después de que sus colegas acudieran en su ayuda.

Una de las objeciones menos esperadas vino de un líder del partido pro-Kremlin Spravedlivaya Rossiya, Akexander Chuyev, en un sitio liberal de internet.

Independientemente de las opiniones y las afiliaciones políticas de una persona, apoyar una guerra es inmoral, dijo, y agregó que él conocía comunistas y nacionalistas que compartían su punto de vista. «Como ruso y cristiano ortodoxo no puedo apoyar una decisión que no sólo contradice las obligaciones internacionales de Rusia, sino que puede conducir a una guerra fratricida», dijo luego en una entrevista.

El editor de la influyente Gazeta Nezavisimaya, Konstantin Remchukov, ha hablado por su parte en contra de la idea de celebrar un referéndum «ilegal» en Crimea. En una entrevista en la radio también criticó, en términos inequívocos, la aparente disposición del establishment de Rusia a pelear con Occidente. Al pronunciar esas palabras, los oyentes comenzaron a llamar y a decirle «traidor » y cosas peores.

Uno de los escritores de suspense más populares de Rusia, Boris Akunin, también les pidió a sus compatriotas que lo piensen dos veces. «Quiero preguntarle a la mayoría que celebra la anexión de Crimea: ¿Tienen idea del precio que habrá que pagar por este trofeo?», escribió en su página de Facebook, prediciendo el aislamiento político y económico.

«Gracias a su aventura en Crimea, Putin se ha garantizado un tiempo extra en el gobierno, pero dudo que este tiempo sea muy largo», escribió. «Ante la ausencia de un mecanismo legal para cambiar un régimen en bancarrota, se activa el mecanismo de la revolución. Y una revolución en un país multiétnico equipado con armas nucleares es algo verdaderamente aterrador».

Akunin bien puede tener razón en el largo plazo, pero por el momento hay poca evidencia de que haya un movimiento contra la guerra fuera del pequeño grupo de intelectuales rusos.

Y para algunos es, incluso, invisible. El comentario de Khodorkovsky sobre «otra Rusia» fue recogido por Matvey Ganapolsky, uno de los comentaristas políticos más populares de Rusia y ucraniano de nacimiento. «Él no pudo explicar por qué esta ‘otra Rusia’ es invisible y silenciosa», escribió Ganapolsky en su blog.

La semana pasada hubo pequeñas protestas improvisadas en algunas ciudades rusas. En San Petersburgo, Igor Andreev, de 75 años de edad, fue multado con 10.000 rublos (US$274) por sostener una bandera que decía «Paz en el mundo».

Boris Akunin,

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Boris Akunin les pidió a sus compatriotas que lo piensen dos veces.

En Moscú, la policía detuvo a cientos de manifestantes y muchos de ellos también fueron multados, aunque las autoridades de la ciudad dieron permiso para una marcha mayor por la paz prevista para este sábado.

Así que parece haber otra Rusia, incluso aunque sus habitantes no sean tan numerosos. La preocupación es que, si se cumplen las predicciones de un mayor endurecimiento del Kremlin, esta pequeña pero importante comunidad podría ser arrastrada a la extinción.