Un año sin Twitter

Un año sin Twitter

Mes y medio después, no sé si me he ido de Twitter. Me explico: he dejado de escribir en esa red social, he borrado su aplicación de mi teléfono móvil y por supuesto ya no leo los tuits de las personas a las que seguía y mucho menos los comentarios de personas a las que no conozco. No me he ido, oficialmente, porque no he borrado la cuenta, ahí queda, para orgullo y vergüenza del que quiera consultarla. O para quien busque desahogarse y dedicarme un par de insultos de vez en cuando. Estoy sin estar, que es una forma muy cómoda, y quizá cobarde, de decir adiós.

Fui muy activo durante 12 años. Me lo pasé muy bien, descubrí gente muy interesante, me reí, lloré de emoción, me insultaron, algunos me felicitaron por ganar MasterChef, recibí amenazas, gané un juicio, cometí errores, dije cosas que no debí y callé muchas que debí escribir para quedarme a gusto. Ya no. Ahora Twitter ya solo me aportaba mala leche, sobreinformación, pérdida de tiempo y una absoluta falta de perspectiva sobre lo que es importante y lo que no.

Vivo más tranquilo. No tengo la sensación de estar perdiéndome nada porque sigo leyendo a diario los periódicos que me gustan, porque estoy en varios grupos de WhatsApp que me sirven de criba para noticias interesantes, para memes, para cotilleos. Me he enterado de todo lo ocurrido en los últimos 50 días sin necesidad de estar actualizando el timeline y lo he hecho sin enfadarme por el sesgo que muchos de mis compañeros le dan a cada uno de sus caracteres. Me he ido por ellos, no por los haters. Me fui, si es que me he ido, porque el hater empezaba a ser yo y los hay que no merecen ni haters.

No echo de menos a nadie y no creo que nadie me eche de menos a mí

Admito que a veces, cuando quiero reaccionar ante algo que sucede a mi alrededor, siento el impulso de coger el teléfono, de escribir un tuit. Me ha pasado con algún partido de fútbol o con alguna noticia en el último mes. Entonces, de repente, me doy cuenta de que solo tengo Instagram y que ahí la vida no va de eso. Guardo el teléfono, o me desahogo con algún amigo por wasap o me guardo mi reflexión para El partidazo. Tan sano como eso, callarse un momento.

No echo de menos a nadie y no creo que nadie me eche de menos a mí. He leído los mejores hilos del último mes porque eran virales y me han llegado por caminos más limpios y conocidos para mí. No sé si volveré a escribir, porque ahora que lo pienso no recuerdo ni mi contraseña. Veo con una distancia enorme los trending topic y ahora cada conversación con mis compañeros me suena a nueva. He vuelto a enterarme de cosas hablando con la gente. No sé si soy más feliz que hace mes y medio, pero me dura más la batería del móvil y he leído cosas muy interesantes en papel. Perdón por la chapa, pero es que no tengo Twitter.

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